Margarita Foyel – in memoriam

Un acontecimiento que compromete al pasado con el presente, una restitución obligada producto del paulatino destrabe burocrático que la “Cultura” y sus instituciones museo le deben a las comunidades originarias. Se trata de una acción cuya importancia debería resaltarse a nivel nacional, popular y privado, de manera de poner sobre la mesa la verdadera situación contemporánea de estos pueblos. Junto con la restitución debería ocurrir un blanqueo histórico con intención pedagógica para insertar la presencia y el debate masivo.

Cuerpos y trozos exhibidos y almacenados en museos arqueológicos y antropológicos con memorias desmembradas por la taxonomía científica, tratando a las culturas nativas como piezas, objetos exóticos cuyas descripciones se escriben con verbos en pasado.
La nación aún le debe a los pueblos originarios la posibilidad de contar su vida como participes y constructores de la cultura y de la historia.

Los Museos de Historia y Cultura Originaria podrían ser esas herramientas de conversación, debate y convivencia. La condición: impulsar la participación como narradores, curadores y museógrafos de sus propias historias y visiones del mundo a esos ciudadanos que cómo humildes jardineros todavía preservan distintas maneras de comprender la vida, que pueden perderse sin remedio —como ya lo hemos visto.

Pero claro, antes es importante devolver la dignidad ciudadana, la salud, la tierra, la tranquilidad, las herramientas para aprender a lidiar dentro de una sociedad brutal que arrasa con su velocidad y polémicas utopías de progreso material.

 

foyel

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Burundanga

Burundanga

Las buenas historias, aún las improbables, son muy pegadizas, inmediatamente ganan la adhesión y la empatía. Se recuerdan fácilmente y somos capaces de repetirlas con tan solo escucharlas una sola vez, incluso hasta con más detalles que la original. Deberiamos aprender de los mitos urbanos: historias improbables que se esparcen y multiplican sin mayor reflexión.
Imaginen si el formato de la historia se utilizará para contar historias verdaderas, transmitir ideas, conceptos, como en el caso de lo que pretenden los museos. En lugar de utilizar descripciones abstractas sobre saberes impalpables podríamos utilizar el recurso de la historia: primera persona, simple, inesperado, concreto, creíble, emocional, narrado.

“La nueva educación debe enseñar al individuo cómo clasificar y reclasificar información, cómo evaluar su veracidad, cómo cambiar las categorías cuando resulta necesario, cómo moverse de lo concreto a lo abstracto y viceversa, cómo considerar los problemas desde nuevas perspectivas – cómo enseñarse a si mismo. El analfabeto de mañana no será la persona que no sepa leer; será la que no haya aprendido a aprender.”

Herbert Gerjuoy (Future Shock, 1970, p. 271)

Hackear al museo.

¿Una visita al museo guiada por alguien que no tiene nada que ver con el museo?

Una visita guiada por alguien que se ha apasionado, pero que a su vez no está envuelto en discursos prefabricados acerca de cómo deberían ser las cosas, acorde a los estándares que van dictando las modas y el manual del buen divulgador y consumidor de “cultura”.

¿Por qué no? Esto podría ser parte de lo que se llama hoy hackear a los museos.

www.museumhack.com